Valores morales tradicionales y actuales
Los hombres hemos
aprendido a volar como los pájaros,
hemos aprendido a nadar por las profundidades del mar como los peces,
pero no hemos aprendido el noble arte de vivir como hermanos.
(Anónimo)
hemos aprendido a nadar por las profundidades del mar como los peces,
pero no hemos aprendido el noble arte de vivir como hermanos.
(Anónimo)
EJE CENTRAL DE
Está mas que demostrado que los primeros años de la vida
constituyen los de mayor significación para el desarrollo del ser humano. A
esta etapa de la formación del individuo se le ha denominado con diversos
nombres: primera infancia, preescolar, inicial, entre otros, pero cualquiera
que sea el nombre que se adopte, en lo que sí están totalmente de acuerdo todos
los estudiosos de la ciencia psicológica es que en esta etapa se instauran las bases
fundamentales del desarrollo de la personalidad, que en las sucesivas fases de
la vida se consolidarán y perfeccionarán.
De ahí la extraordinaria importancia que reviste esta
edad para el futuro del hombre como individuo y como persona, y de la necesidad
de conocer exhaustivamente sus particularidades: las causas y condiciones de su
desarrollo, el transcurso de sus procesos biológicos y madurativos,
fisiológicos y funcionales, psicológicos y sociales, para poder ejercer una influencia positiva en dichos
mecanismos y estructuras que están en plena formación y maduración,
para alcanzar los máximos logros potenciales de este desarrollo, que posibilite
un individuo sano, apto y capaz de transformar al mundo y transformarse en este
empeño.
La
educación de la primera infancia tradicional
Tradicionalmente la educación de los niños más pequeños
ha venido marcada por la posterior enseñanza escolar, hasta el extremo que le
impuso el nombre de EDUCACIÓN
PREESCOLAR. En esta etapa de la vida se limitaban los maestros
exclusivamente a adelantar conocimientos. Evidentemente no educaban sino
enseñaban. Aún en muchos países existen los exámenes para el ingreso a
determinados colegios donde las pruebas consisten en un ejercicio de
Lectoescritura y al conocimiento de Números, cuando no sencillas operaciones
aritméticas, con lo cual la educación de la infancia, en el término educación,
no existe, limitándose a una mera y acelerada preparación para la posterior
escolaridad.
La educación de la primera infancia hoy
Hoy ya sabemos que cuando el niño nace, tiene todo un potencial de posibilidades.
Lleva en él muchas promesas, pero esas promesas serán vanas si no reciben del
medio humano y físico un conjunto suficientemente rico de estímulos de todo
tipo. Las ciencias
biológicas contemporáneas, y sobre todo la neurología, nos dicen que la materia
nerviosa, especialmente desarrollada en cantidad en la especie humana, no puede
llegar a su evolución completa si no hay unos estímulos exteriores que
provoquen unas reacciones que permitan a esas funciones ponerse en marcha,
perfeccionarse y desarrollarse plenamente. Podemos afirmar que
el desarrollo del individuo está, en primer término, en función de su estado
biológico y neurológico en el momento de nacer pero que, más adelante, la
acción del medio pasa a ser fundamental para su ulterior evolución. No es que la acción del medio pueda
hacerlo o deshacerlo todo, sino que, en el momento de nacer, hay toda una gama
de posibilidades y que la acción del medio exterior hará que, dentro de los
limites impuestos por la situación biológica y neurológica, el desarrollo del
individuo sea más o menos amplio.
En este sentido se ha llegado a afirmar que, al nacer, el
niño no es más que un "candidato
a la humanidad" (H. Pieron). Esto quiere decir que el
camino es muy largo entre el nacimiento a la vida humana y la participación en
la humanidad. El vínculo entre ellas, lo que permite el paso de una a otra es
la educación.
Y ello se confirma una y otra vez, sin que apenas tomemos
conciencia de ello. Sin duda las recientes declaraciones del Doctor Venter,
director de una de las dos compañías que han realizado la investigación del
mapa del genoma humano, son fundamentales al afirmar: “La idea que las características de
la personalidad están estrechamente ligadas con el genoma humano se puede
considerar falsa. Los hombres no son necesariamente prisioneros de sus genes y
las circunstancias de la vida de cada individuo son cruciales en su
personalidad”.
El medio social y la estimulación del medio circundante
posibilitan que estos procesos y formaciones se estructuren y permitan un
cierto nivel de desarrollo en todos los niños. Sin embargo, el medio social y
familiar actuando por sí solos y sin una dirección científicamente concebida de
la estimulación, puede que no sea el adecuado, no llegando a posibilitar que
los niños alcancen todas las potencialidades de su desarrollo.
Es decir, mediante la creación de un sistema de
influencias científicamente concebido y organizado de una forma consciente, se
pueden alcanzar metas del desarrollo que no es posible lograr mediante la
estimulación espontánea.
Inclusive, y tal como señalara Jean Piaget, una
insuficiente o ausente estimulación, puede propiciar que en la periodización
del desarrollo psicológico, donde siempre se sigue una determinada secuencia en
el surgimiento y cambio de las etapas evolutivas, puede darse el caso de que su
culminación, es decir, la formación de la etapa de las
operaciones formales del pensamiento, esa que permite el alto razonamiento y el
realizar operaciones lógico - abstractas de calidad, no llegue a formarse
nunca, como consecuencia de tal insuficiente y no conscientemente dirigida
acción de estímulos.
Por otra parte, el hecho de que este sistema de
influencias pueda ejercer su acción en una etapa del desarrollo en que las
estructuras biológicas, fisiológicas y psicológicas están en plena formación y
maduración tiene una especial significación.
En este sentido, Lev Vigotski, uno de los mas reconocidos estudiosos de la
etapa infantil, señaló que el hecho de que esta acción se haga en un momento del desarrollo
en que dichas estructuras se están formando, permite ejercer un efecto mucho
más significativo sobre los propios procesos y cualidades que dependen de estas
estructuras, y del propio desarrollo como tal. Si bien la
organización y dirección de un sistema de influencias científicamente concebido
es importante en cualquier etapa del desarrollo del individuo, es en la primera
infancia donde dicha estimulación reviste la mayor importancia y significación
para toda la vida del ser humano, por realizarse sobre formaciones
biofisiológicas y psicológicas que en este momento se están formando, y no
sobre estructuras ya formadas como sucede en la mayoría de aquellas que se
presentan en otras edades.
De ahí que se haya señalado a esta etapa como crucial para el
desarrollo, y de la necesidad de organizar un sistema de influencias educativas
bien pensado y científicamente concebido que se dirija a posibilitar la máxima
formación y expresión de todas las potencialidades físicas y psíquicas del niño
en estas edades iniciales.
La educación de la primera infancia puede, por su función
social y su nivel técnico, asumir este sistema de influencias educativas, y en
conjunto con la educación familiar, puede ayudar a alcanzar metas más altas de
desarrollo para todos los niños.
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